El conflicto de los Balcanes

•julio 14, 2008 • 1 Comentario

“Aquel fue el comienzo del dominio turco en nuestras tierras, y este será el último, después de tantos siglos crueles… los serbios estamos salvando a Europa, aunque el resto de Europa no valore nuestros esfuerzos”.

 De un soldado serbobosnio a un periodista

Lo que no se entendió es que en realidad había pocos combates entre las partes y que el principal problema era la violencia constante contra los civiles. En consecuencia, las tropas de la ONU no supieron brindar protección ni proporcionar convoyes de ayuda; por el contrario, se limitaron a observar, en palabras de un humorista de Sarajevo, como ‘eunucos en una orgía’”.

Mary Kaldor, investigadora inglesa

Introducción

•enero 13, 2008 • 1 Comentario

La guerra en la antigua Yugoslavia se desarrolló de junio de 1991 a septiembre de 1995. Murieron unas 130 mil personas y aproximadamente dos tercios de la población fueron desplazados de sus hogares. Numerosos casos de abusos contra los civiles pudieron ser registrados. Se cometieron innumerables atropellos a los derechos humanos, incluidos asesinatos, torturas, violaciones y castraciones. Se destruyeron edificios históricos de un valor incalculable.

La guerra de Yugoslavia generó una expectación internacional como ninguna otra en su tiempo. Si la del Golfo en 1991 de Estados Unidos contra Irak había sido especial por ser la primera en ser transmitida en vivo y a todo color, la de los Balcanes fue particular por la naturaleza de su origen y la dimensión de la violencia. Un nuevo estilo de hacer guerra se gestó en base a las diferencias étnicas. Ello no era una novedad por sí sola, sino más bien cómo los llamados a perpetrar la violencia nacionalista hicieron mella entre las masas.

La novedad estriba en el enorme poder que ejercen los medios de comunicación y en lo eficiente que puede resultar la mercadotecnia política. El nacionalismo balcánico era real e histórico, pero el repentino ascenso de un estilo agresivo se debió a maniobras de los políticos nacionalistas. Una sociedad civil en movimiento puede ejercer un contrapeso a las mentiras y verdades a medias que acostumbran a soltar políticos ambiciosos, pero debido al contexto de la época -detallado en el capítulo anterior, eso no era posible en Yugoslavia.

La guerra también puso sobre el debate la capacidad de persuasión de las Naciones Unidas. Se supone que un organismo encargado de promover la paz debe mostrarse a la altura de las circunstancias. Al ordenarle a sus tropas no entrometerse en la refriega de la ex Yugoslavia, el papel de la ONU como intermediaria resultó una caricatura. En el conflicto de Bosnia-Herzegovina su actuación fue indecisa, a veces estúpida -como cuando el secretario general declaró a los habitantes de Sarajevo que han existido guerras peores-, y en cuanto a la magnitud del desastre, cómplice en la tragedia de los Balcanes.

Viene de: http://elfinaldeyugoslavia.wordpress.com

Capítulo 3. La intimidación a Eslovenia. La pinza serbia en Croacia y el ataque a un patrimonio mundial.

•agosto 7, 2007 • 1 Comentario

Para 1990 se había trazado el destino independiente de varias repúblicas, y hacia el mismo año, parecía que los únicos conceptos que quedaban de la idea de Yugoslavia eran la liga local de futbol y el Ejército federal yugoslavo [JNA]. En un último intento de mantener unido al Estado, generales de alto rango llevaron a cabo una junta con los representantes diplomáticos de cada república, pero la audiencia resultó un fracaso. La escisión de Yugoslavia se formalizó con la negativa de croatas y bosnios a recentralizar el poder militar estatal. Y dado que naturalmente el mando central del JNA se encontraba en Belgrado, capital del Estado yugoslavo (y de la república serbia), la mayor parte del complejo militar fue a parar a manos de generales serbios leales a Slobodan Milosevic. La historia de las guerras en Eslovenia, Croacia y Bosnia-Herzegovina es también la historia del desmantelamiento del complejo militar yugoslavo.

Los serbios constituían la mayor parte de los elementos de infantería en el JNA, y a principios de los 90, la institución era cada vez más obediente a las órdenes de Milosevic. Por ese tiempo los eslovenos, bosnios y croatas, concordantes en su rechazo a las pretensiones serbias, habían desertado del Ejército federal para evitar que los usaran en los ataques a Croacia y Eslovenia y en una posible guerra contra Bosnia. Este acto supuso un enorme error estratégico ya que los serbios terminaron quedándose con casi todas las armas y con todos los puntos militares de importancia en el territorio de Yugoslavia[19].

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Las nuevas milicias de cada república y los grupos paramilitares se vieron obligados a solicitar excedentes del mercado negro de armas que estaba naciendo en Europa del Este. Eslovenos y croatas proclamaron la independencia de su país a mediados de 1991, y la Unión Europea, comenzando por Alemania, reconoció la independencia de estas repúblicas en el mes de junio. Inmediatamente, la dirigencia serbia tomó acciones para emprender una ofensiva militar en ambos países. La agresión a Eslovenia fue la que dio inicio al conflicto armado de los Balcanes. Pero pareciera que la intención de Slobodan Milosevic no iba más allá de intimidar a las nuevas autoridades eslovenas, ya que a falta de objetivos reales para la conquista de territorio, la ofensiva apenas tuvo una corta duración de diez días.

En cambio, el objetivo de la ‘Gran Serbia’ pasaba por Croacia. Tras su intervención en Eslovenia, los soldados del Ejército yugoslavo se movieron en dirección al sur. Desde julio de 1991 emprendieron una agresión a gran escala Croacia con el objetivo de apoderarse de las regiones habitadas por serbios, intentando formar una pinza desde el este y sur del país con ataques a los principales centros urbanos. Pero por su dimensión, la estrategia militar de los serbios estaba condenada al fracaso. La experiencia de Israel en Líbano hacia 1982, cuando mediante bombardeos indiscriminados se propuso tomar Beirut derivando en un formidable fiasco, había demostrado que una enorme superioridad en armamento y contingente militar no bastaba para tomar una ciudad completa. La pinza serbia vendría a cometer el mismo error que los israelíes, mientras las agencias internacionales de noticias comenzaban a transmitir las primeras imágenes de ciudades incendiadas y cadáveres esparcidos en vívidos colores.[20]

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Vukovar, una ciudad al noreste de Croacia fronteriza con Serbia, fue la primera en recibir los estragos del bombardeo generalizado. Vukovar era defendida por milicias locales pobremente armadas, mientras Milosevic la consideraba el primer paso en la conquista del territorio croata habitado por serbios. Pero la resistencia se prolongó por semanas. Cuando la ciudad finalmente cayó, el 19 de noviembre de 1991, había sido destruida en un 95%, y el costo militar para el JNA fue mayor a lo esperado. Para entonces la mayoría de los residentes habían huido; los pocos que se quedaron, en su mayoría ancianos, fueron obligados a otorgar sus pertenencias.[21]

Otras localidades del norte del país, como Vinkovce y la mucho más grande ciudad de Osijek, fueron blanco de ataques aéreos que se saldaron con importantes daños y la muerte de civiles. Mientras tanto, a unos 300 kilómetros al sur se gestaba otro asedio de grandes proporciones. “Los serbios voltearon los ojos. Entre sus planes militares estaba la conquista de Dubrovnik, un verdadero museo medieval en la costa de Dalmacia, frente al litoral italiano. Ciudad fundada en el siglo VII y declarada en 1979 patrimonio de la humanidad, y por lo tanto, una zona desmilitarizada”.[22] Dubrovnik poseía una mención especial por la UNESCO y por lo tanto debió haber sido respetada, pero en los continuos ataques serbios, que comenzaron en agosto de 1991, diariamente caían cerca de 1600 proyectiles con efecto destructivo.

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El 30 de septiembre, el Ejército yugoslavo destruyó la pequeña aldea de Ravno, localizada en Bosnia-Herzegovina y habitada por croatas. Las tropas del JNA estaban haciendo la guerra en Croacia y durante el curso de su asedio a Dubrovnik -que está en territorio croata pero en la frontera con Herzegovina- pasaron literalmente por encima de Ravno como aviso para los bosniocroatas.[23] En Dubrovnik, la zona amurallada del casco antiguo fue objetivo de constantes bombardeos serbios, donde a diario caían alrededor de setecientos proyectiles. En la Navidad de 1991 se registró uno de los últimos ataques, que terminó cuando una fragata de guerra inglesa se colocó frente a la costa del Adriático. El intento de tomar Dubrovnik fracasó y la pinza serbia se rompió.

Capítulo 4. La tragedia de Bosnia-Herzegovina.

•agosto 7, 2007 • 2 comentarios

El proceso de desintegración y el ascenso de un nacionalismo virulento tuvo su mejor ejemplo en Bosnia-Herzegovina. En esta república vivían casi tantos bosnios como serbios y croatas, al tiempo que el presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic, planeaba consumar su proyecto de la ‘Gran Serbia’. Para 1992, la guerra ya se vislumbraba en el horizonte. Como preludio se señala el caso de Nikola Gardovic, el novio en una boda serbia de Sarajevo que fue asesinado durante la ceremonia por un desquiciado, cuando aquel hacia ondear la bandera del partido ultranacionalista serbio y pronunciaba frases de contenido político.[24]

Las hostilidades sobre el terreno comenzaron el 5 de abril de 1992. Ese día se convocó en Sarajevo una multitudinaria marcha a favor de la paz. Durante la manifestación, militares que a la distancia actuaban como ‘agentes del orden’ abrieron fuego contra la multitud y dieron muerte a Suada Dilberovic, una joven estudiante de medicina que terminaría su carrera al mes siguiente. La Unión Europea no tardó en reconocer la independencia de Bosnia-Herzegovina y los serbios abandonaron la asamblea parlamentaria. Los bosnios y los croatas de Bosnia estaban a favor de la independencia de su país; los serbios, no.

Por parte de los líderes de la antigua Yugoslavia de Tito, Bosnia-Herzegovina, gracias a su relieve montañoso, fue elegida para fabricar y almacenar material bélico y albergar el grueso del Ejército federal yugoslavo [el JNA]. Se suponía que en caso de una amenaza exterior a Yugoslavia, ésta se iba a defender desde territorio bosnio. De este modo, Bosnia-Herzegovina tenía prácticamente en cada pueblo una base militar y una fábrica de material bélico.[26] Tras la retirada de Croacia, los serbios en el JNA se instalaron a lo largo y ancho del territorio de Bosnia. El gobierno local, encabezado por musulmanes, ordenó el retiro inmediato de las tropas serbias tras la proclamación de independencia. Pero su petición fue ignorada por completo. En muchos casos las unidades del JNA solamente abandonaron las ciudades para desplazarse hasta la fortificación más cercana, dejando a las ciudades bosnias sitiadas desde el primer minuto de la guerra.[27]

Slobodan Milosevic estaba dispuesto a utilizar su fuerza militar para apoderarse de las regiones serbias de Bosnia. Algo parecido deseaban hacer los croatas en Herzegovina. Dado que los políticos de la ex Yugoslavia insistían en que no podían vivir juntos, la idea entonces era proceder a la partición del país de acuerdo a las divisiones étnicas. “Tanto los nacionalistas serbios como croatas querían, con distintos grados de franqueza, una distribución del territorio y la unificación de las partes respectivas con las ‘naciones madre’ de Serbia y Croacia. Ello solo se podía realizar a costa del grupo étnico más numeroso: los musulmanes bosnios”.[28] Éstos últimos estaban en contra de la fragmentación dado que tenían más que perder.

En Bosnia no existían territorios étnicamente puros, de modo que para Milosevic la solución consistía en emprender una despiadada ‘limpieza étnica’en contra de la población musulmana local, y de ser posible, la croata. El Ejército yugoslavo tendría misiones específicas para llegar a dominar poblaciones mediante control marcial; primero que nada, el JNA solía bombardear los pueblos y cortarles los suministros.

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El trabajo sucio contra los civiles estaría a cargo del JNA, pero sobre todo de facciones paramilitares serbobosnias, como los ‘Tigres de Arkan’. Este grupo estaba bien dotado de armamento, contaba con rifles AK-47, morteros y tanques proporcionados por el JNA. Se les identificaba por sus uniformes oscuros, gorros de lana color negro y botas militares; en ocasiones llevaban puestos guantes negros con los dedos recortados. Sobre Arkan, se trataba de un personaje conocido en los bajos fondos de Belgrado. Era dueño de una cadena de heladerías, una ‘tapadera’ según dicen, para sus actividades ilícitas de contrabando. También era el dirigente del club de hinchas del Estrella Roja de Belgrado, y fue entre esos hooligans de donde sacó a sus Tigres.[29]

Otros grupos serbios eran los ‘Halcones’, ‘las Águilas Blancas’, etcétera. “Estos nuevos ‘chetniks’, como orgullosamente hacían llamarse, seguían el ejemplo de sus antepasados -sobre todo los de Draza Mihajlovic en la Segunda Guerra Mundial- con sus uniformes, el odio ciego hacia la población bosnia a la que llamaban ‘turcos’, la limpieza étnica, el objetivo de la Gran Serbia, las largas barbas y la falta de higiene corporal característica de estas tropas paramilitares, que hicieron un renacimiento de este movimiento ultranacionalista serbio”.[30] De ellos se decía que estaban siempre borrachos y que reclutaban a otros ‘peleadores de fin de semana’, a los que se añadían criminales convictos puestos en libertad para engrosar sus filas.[31]

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El Ejército yugoslavo operó en conjunto con estos grupos en Bosnia-Herzegovina. Es probable que el móvil de esos personajes haya sido el botín tomado a los bosnios, aunque no hay duda de que entre ellos había nacionalistas fanáticos. Y es que la economía mafiosa encontró terreno fértil en el caos de la guerra. El saqueo y el robo eran una forma de pago para los milicianos de cada bando. Entre los mercenarios que participaron en la guerra se cuentan los fundamentalistas islámicos y ex combatientes de la guerra afgana que llegaron para batirse en la ‘Yihad’, claro está, del lado bosnio. Otros grupos eran la Unidad Garibaldi, compuesta por italianos que peleaban al lado de los croatas; rusos desempleados que se sumaron al bando serbio y, lo que resulta bastante llamativo, jóvenes neonazis que se enlistaron en las filas croatas, llegados principalmente de Francia y Alemania.

En las primeras etapas de la guerra, croatas y musulmanes colaboraron juntos en contra del enemigo serbio. Sin embargo, el acuerdo se rompió tras publicarse el plan de la ONU conocido como Vance-Owen, que proponía dividir el país en tres enclaves étnicos, uno para cada grupo. A partir de entonces, bosnios y bosniocroatas comenzaron a pelear entre sí por los territorios bajo su control, lo que provocó un mayor derramamiento de sangre y la agudización de la limpieza étnica. Se llegó a ironizar que las siglas del grupo paramilitar croata, HVO, significaban Hvala Vance~Owen (‘Gracias, Vance y Owen’).[32]

Por ese tiempo, el control musulmán en Bosnia consistía en una cuantos enclaves urbanos rodeados por fuerzas hostiles, un territorio que por su naturaleza fue descrito como ‘piel de leopardo’.[33] El área rural estaba repartida entre serbios y croatas, donde por lo demás hicieron efectiva la limpieza étnica en los lugares que llegaron a ocupar.

Los centros urbanos padecían un asedio constante. Las principales hostilidades se presentaron en Tuzla, Mostar y Sarajevo. En ésta última ciudad, la vida cotidiana transcurría en apego al conflicto visceral de los contendientes en pugna. Un ejemplo era el constante peligro que representaban los francotiradores.

Sarajevo se volvió una ciudad sitiada y sus actividades comunes desaparecieron. La capital de Bosnia es realzada por numerosos edificios de gran altura, los cuales en su mayoría fueron abandonados durante la guerra. Las instalaciones terminaron siendo tomadas por francotiradores que desde las ventanas disparaban a cualquier persona que pasara. Las carreteras estaban obstruidas con contenedores de mercancías, carros, buses y tranvías quemados, y bloques de cemento y piedra que no permitían cruzar la vía sin toparse dificultades. Las únicas maneras de atravesarla sin ser alcanzado por las balas eran esperar por los acorazados de las Naciones Unidas y caminar tras ellos usándolos como escudos, o cruzar las vías en automóvil a altísimas velocidades tratando de esquivar los obstáculos.[32] En este contexto es válido ejemplificar el padecimiento y la percepción de la guerra por los civiles con una cita orwelliana de 1984:

“Los habitantes de los territorios en disputa son, por el contrario, quienes poseen un concepto más acertado de la guerra; para ellos, la guerra es una calamidad infinita, cuyos flujos y reflujos castigan a sus cuerpos como las olas de una gigantesca marea. Quién de los beligerantes gane o pierda los tiene completamente sin cuidado. Saben bien que en cualquiera de los casos, no habrán hecho mas que cambiar de amo y que el nuevo los mantendrá bajo la misma férula despótica que el anterior”.[33]

Cont. capítulo 4. Video: el drama de Sarajevo

•agosto 4, 2007 • 3 comentarios

Con patrocinio norteamericano, las fuerzas bosnias y bosniocroatas firmaron un pacto de no agresión a mediados de 1994, poniendo fin a las hostilidades entre ellos y haciendo retroceder a las tropas y chetniks serbios. Por su parte la comunidad internacional había impuesto un severo embargo económico a Serbia, con lo cual su gobierno se encontró en una situación desesperada. Slobodan Milosevic retiró su apoyo militar a las milicias serbobosnias, lo que provocó que su espíritu de lucha fuera disminuyendo paulatinamente. “La paz comenzó a perfilarse en noviembre de 1994 en la ciudad norteamericana de Dayton, a partir de las misiones mediadoras estadounidenses que tomaron el relevo a la serie de intentos frustrados de la ONU. La administración Clinton no solo asumió las competencias diplomáticas de Naciones Unidas, sino que también instó a la sustitución de las poco operativas fuerzas de la ONU por las de combate de la OTAN”.[33]

El alto al fuego se logró por tres motivos principales; primero, por el comienzo de la intervención directa de la OTAN con incursiones aéreas; segundo, por el derrumbe del estado de ánimo entre los chetniks serbobosnios, que para 1995 tenían la moral muy baja; pero sobre todo, “porque la situación sobre el terreno se había ‘racionalizado’. En otras palabras, que la limpieza étnica estaba prácticamente completada”.[34] Las partes involucradas firmaron en París lo acordado en la base aérea militar de Dayton, poniendo en septiembre de 1995 punto final a la guerra de los Balcanes.

Capítulo 5. Un nuevo paradigma de violencia

•agosto 3, 2007 • Dejar un comentario

Quienes no comparten la concepción generalizada de que la de Bosnia fue una guerra civil suelen argumentar que se trató de una agresión serbia, y en menor medida, croata. Desde luego, es cierto que los serbios en el Ejército yugoslavo, movilizados e instigados desde el gobierno de Milosevic, fueron los primeros agresores, y fueron ellos los que emprendieron una campaña de violencia contra la población civil de Bosnia- Herzegovina. Porque a excepción de la primeras etapas del conflicto, cuando los serbios encontraron escasa resistencia, fue poco el territorio que cambió de manos a lo largo del conflicto.[35] En realidad, la guerra en Bosnia estaba programada para emprender la limpieza étnica contra los civiles.

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En la guerra de los Balcanes se cometieron innumerables atropellos a los derechos humanos, incluidas torturas, detenciones forzosas, asesinatos masivos, violaciones y castraciones.[35] Como si el reloj hubiera retrocedido en el tiempo, los campos de concentración donde mantenían hacinados a gran cantidad de musulmanes bosnios se convirtieron en una estremecedora realidad. Por si fuera poco, “una escalofriante novedad: la llamada limpieza étnica o ‘purificación racial’, que a partir de 1991 consistió en arrasar con poblaciones enteras, incluía la violación sistemática de mujeres para que una vez terminada la guerra, trajeran a la luz hijos que llevarían en las venas sangre de la raza victoriosa”.[36]

En los centros urbanos, la campaña de limpieza étnica fue un proceso más sutil y desapegado. A los que no eran serbios les hacían la vida insoportable: los apartaban de sus puestos de trabajo, los hostigaban con constantes amenazas de muerte, les negaban asistencia médica, no se les permitían grupos de más de cuatro.[37]

Un artículo aparecido en el periódico esloveno Delo señalaba que la estrategia psicológica serbia tenía en cuenta que “la mejor manera de combatir a los musulmanes, disminuir su espíritu de lucha y derrotarles moralmente consistía en violar a sus mujeres, sobre todo a las jovencitas e incluso a las niñas, matar a inocentes en presencia de los otros miembros de su familia, y destruir sus iconos culturales y edificios religiosos”.[38] En Banja Luka, por ejemplo, una ciudad de mayoría serbia ubicada en el norte de Bosnia, las tropas del JNA destruyeron todas las mezquitas y todas las iglesias católicas menos una, en un claro intento de intimidar a los miembros de las otras comunidades.

Habiendo tomado el conflicto un giro particularmente pernicioso, algunos de los más terribles casos de limpieza étnica ocurrieron en los últimos momentos de la guerra, hacia 1995. Entre ellos, la sorprendente matanza en el mercado del centro de Sarajevo, y el tristemente célebre episodio de la masacre de Srebrenica, donde los chetniks dieron muerte a unos ocho mil musulmanes bosnios.

•julio 30, 2007 • Dejar un comentario

Pero ¿porqué pudieron ocurrir semejantes atrocidades en pleno territorio europeo, justo en la víspera del siglo XXI? La guerra en Bosnia-Herzegovina era una oportunidad para que la ONU demostrase su eficacia e importancia como mediadora de conflictos. La nueva guerra librada en Europa generó un mayor interés en la ONU para velar por los derechos humanos y la ayuda a los refugiados que, por ejemplo, las guerras de Somalia y del Golfo. Es por ello que la diplomacia internacional puso manos a la obra en cuanto a la petición de la paz y la asistencia humanitaria desde el inicio de las hostilidades.

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Sin embargo, las fuerzas de la ONU que se enviaron a Bosnia para que defendieran a la población estaban atadas de pies y manos, ya que sus oficiales nunca superaron el temor de verse involucrados en el conflicto. Las ‘labores de pacificación’ de los cascos azules resultaron en un rotundo fracaso, debido a la expandida idea de que entrar en combate habría supuesto tomar posición por uno u otro bando. De ese modo sus brigadas fueron blanco de ataques mortíferos por parte de los agentes en conflicto. Lo que no se pudo o no se quiso entender es que “las tropas de la ONU eran igual de vulnerables al acoso de las partes si estaban imposibilitadas para responder a las agresiones; de ahí que desearan denunciar la situación y optaran por humillar a la comunidad internacional, por ejemplo, mediante la toma de rehenes”.[39]

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Diversas organizaciones humanitarias desempeñaron un valeroso papel durante la guerra. Consideraron importante atender las necesidades de los sectores afectados con asistencia de víveres y medicamentos. Sin embargo, su labor fue enormemente dificultada por las partes en conflicto, que controlaban las rutas de acceso a los suministros y solían ‘fiscalizar’ la ayuda humanitaria. Los campos de refugiados en las zonas de seguridad de la ONU eran constantemente acosadas por ataques serbios y croatas. “El miedo a que las tropas de Naciones Unidas terminaran arrastradas en una guerra convencional produjo pasividad e inacción. Como consecuencia, no pudieron desempeñar las labores de ayuda para las que habían sido enviadas”.[40]

En la guerra de Bosnia-Herzegovina, la ONU perdió su misión pacificadora al no decidirse a tomar la iniciativa. Su timidez contribuyó a alargar el continuo peligro que padecían los civiles. En el terreno, su falta de acción propició que se consolidaran los objetivos de la limpieza étnica a medida que avanzaba el tiempo. “El punto más bajo para las fuerzas de la ONU ocurrió a mediados de 1995, cuando los serbobosnios penetraron en las zonas de seguridad de Srebrenica y Zepa”.[41]

 
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